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Fin de Semana en Zafra en la Sierra de los Caballeros. Extremadura


Fin de Semana en Zafra

y en las Sierras de los Caballeros. Extremadura

Zafra, Burguillos del Cerro, Jerez de los Caballeros, Fregenal de la Sierra, Villafranca de los Barros, Presa Romana de Proserpina

 Entre las muchas opciones que teniamos para un fin de semana de final de agosto con poco calor a la vista escogimos acercarnos a este rincón serrano del suroeste de Extremadura; dejando los pueblos de la Raya de Portugal y pisando las primeras estribaciones de la Sierra Morena de Huelva. De las mayores zonas productoras de Jamón Ibérico de Extremadura y en el top de calidad junto a Montánchez y las Villuercas.

Tierras de Templarios, tierras de Señoríos que resuenan entre los grandes de España como los Duques de Feria, tierras de pueblos con gentes sencillas y cultura grande, tierras de buen vivir.

El triángulo Zafra, Jerez de los Caballeros y Fregenal de la Sierra se nos antojaba pleno de alternativas, lleno de lugares interesantes que repasar y otros que conocer. Espacio para llegar a la esencia de la tierra ,  para improvisación y por supuesto, momentos para el descanso.

Para el camino de vuelta sólo teníamos claro que parariamos en la Presa Romana de Proserpina y las nuevas instalaciones de baño y ocio, pero podiamos ver alguna cosa antes.

Con estas intenciones salimos un viernes a primera hora de la tarde. Sobre las 7  ya estábamos en el hotel de la Plaza Grande que teniamos reservado: Los Balcones de Zafra. Un lujito de lugar a un precio superrazonable. Tuvimos en suerte una habitación en el piso superior; lo mejor, una gran terraza compartida que daba a la plaza y en la que había unas tumbonas donde relajarte mirando a las estrellas o broncearte al sol. En la planta baja, columnas de mármol antiguo, quizás de la época de los romanos, sujetaban muchos de los pilares de las bóvedas. Un ambiente insuperable y un trato familiar.

Un poco de relax para aterrizar convenientemente y cuando empezaba a caer el sol salimos a conocer el pueblo. La calle Sevilla nos sorprendió por la cantidad de establecimientos que tiene, a la altura de las mejores calles comerciales de Cáceres, Don Benito…  las buenas tiendas se sucedían, como la modernidad y la tradición que combinaban a la perfección; desde las marcas de moda a los comercios de toda la vida.

Al final de la calle buscamos el castillo de los Duque de Feria para ir echando un vistazo por los exteriores, las torres y murallas y toda una amalgama bien organizada de negocios de hosteleria encajados en el entorno y en el ambiente del gran palacio. Y es que lo que fue concebido como un lugar para defensa  pasó a ser de vivienda y acabó siendo de estancia como Parador de Turismo.

Bellísimos hoteles, los locales de copas geniales y coloridos entre la oferta de la chacina, quesos y demás productos del lugar.

Volvimos a la Plaza Grande buscando un lugar donde cenar alguna cosa, cualquiera de ellos tenía muy buena pinta así que nos sentamos en que parecía mas especializado y escogimos tres sugenrentes tapas: huevos fritos con patatas fritas y taquitos de jamón ibérico,croquetas de boletos  y pluma de ibérico. Excelentes y generosas, como siempre en la provincia de Badajoz. Con el aire de la noche en el marco de esta gran plaza todo te sabe a gloria, pero si todo lo demás viene acompañando las sensaciones se multiplican

Tan bien se estaba que completamos la noche con un rico mojito zafreño que prolongó buen rato la conversación hasta que el cansancio acumulado nos retiró a la habitación no muy tarde.

Por la mañana fuimos hacia Jerez de los Caballeros.  Nos adentramos en las sierras viendo como el granito y la pizarra competían por el territorio. Impresionan bastante las dos grandes industrias que hay por el camino, será por la falta costumbre pero se siente uno un poco mas aliviados cuando las dejas atrás.

La primera parada fue en Burguillos del Cerro, donde paseamos por las calles céntricas con la bonita estampa del castillo sobre el monte. El acceso está acondicionado desde la cercana Ermita de Santa María de la Encina; dejamos para otro día la ascensión y buscamos la iglesia del pueblo. La encontramos cerrada y sin indicaciones para visitarla, una pena, por que prometía grandes valores.

La nave era bien grande, alta y hermosa.La torre esta decorada con pinturas de colores desde la misma base. Primero con grises que simulan grandes sillares de piedra y en el artístico campanario combinan ocres, burdeos y azulones de manera muy sutil y armónica.

La amplitud de miras de estas gentes se plasma en todas partes. Las calles tienen un diseño envidiable, muy anchas y rectas. Las casas acompañan con buenos espacios y variopintas formas; casi todas son blancas, pero procuran perfilar esquinas, puertas o ventanas con distintos colores.

La gran plaza y su jardín es un sitio ideal para ver casi todos los estilos arquitectónicos, de casi todas las épocas históricas relevantes en la población.

Seguimos la carretera hasta llegar a Jerez de los Caballeros, la vista en la lejanía es muy ilustrativa sobre lo que nos espera. El pueblo se asienta sobre tres cerros contíguos, El mas estratégico, que no el mas alto está ocupado por el castillo,  otro, por la filigrana constructiva que es la iglesia de la San Bartolomé, y entre ambos  se sitúa la Iglesia de San Miguel, que eleva también orgullosa una esbelta y trabajada torre.

Rodeando todo observamos la maraña de casas blancas que llenan todos los espacios.  La plaza de toros se encaja perfectamente a los pies de la población y en las afueras las ordenadas viviendas adosadas.

Entramos en dirección al castillo, que era el primer objetivo. Pasamos por calles estrechas y retorcidas hasta que dimos con la muralla exterior que rodeaba el pueblo, siguiéndola hacia arriba llegamos a la altura del castillo y  dejamos el coche en la encantadora Plaza de Santa María.

El pueblo de los conquistadores ya nos había ganado nada mas poner el pie en sus calles.

Era demasiados atractivos para un día, Jerez de los Caballeros necesita un fin de semana que procuraremos dedicarle en otra ocasión.

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Intentamos en vano ver la iglesia de Santa María, de traza bien antigua. Entre las estrechas y retorcidas calles llegamos al castillo. Se conserva gran parte del mismo, a diferencia de otros, este es un lugar bien vivo.
Nada mas cruzar la puerta de entrada hay una gran plaza enlosada y sombreada por altas palmeras. En este entorno se sitúa el Ayuntamiento, Casas de Oficios y otras dependencias municipales.

Todo el entorno está ajardinado y preparado para la visita tranquila y sosegada, para poder descansar contemplando los paisajes de montes y sierras que nos rodean o detalles curiosos de la población como la muralla exterior o la majestuosidad de los dos campanarios que destacan sobremanera sobre los tejados.

En una de sus torres yergue orgullosa la bandera de los Caballeros Templarios que ocuparon este castillo hasta la extinción de la Orden en 1311. En esta torre resistieron el asedio hasta su conquista los últimos Caballeros Templarios, aquí encontraron la muerte y desde entonces es conocida como la Torre Sangrienta.

Después de estos acontecimientos y tras disputas con Sevilla y Badajoz fue consolidado por la Orden de Santiago.

Otra originalidad del castillo es su templete gótico.

Las últimas obras importantes de acondicionamiento se realizaron en 1992

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Salimos del recinto hacía la primera de las grandes iglesias, la de San Miguel. El blanco de las paredes es sustituido por un amarillo muy claro perfilado por los grandes sillares de las esquinas y contrafuertes del templo. La entrada principal mira al sur, donde se abren las casas para dar lugar a una graciosa plaza que hace las veces de plaza principal. Enfrente los soportales dan cabida a bares, restaurantes y cafeterías.

La torre, íntegramente construida en ladrillo visto tiene tres cuerpos que apuntan al cielo a modo de aguja. se integran multitud de motivos decorativos y formas simétricas que realzan su figura y la diferencian de la de la San Bartolomé que se viste de color para mostrase impetuosamente atractiva.

Como la puerta estaba abierta entramos para verlo desde dentro. Contrasta la sobriedad de los tres cuerpos de la nave, encalados de blanco con la decoración de pinturas al temple que llena las paredes y bóvedas del ábside. En la parte final se conserva una sillería de madera que merece nuestra atención.

Rápidamente fuimos a la iglesia de San Bartolomé , por si se pudiera visitar, pero estaba cerrada. No obstante pasamos buen rato comtemplando la increible torre de esta iglesia.

De un colorido sin igual y la robusted que le da los grandes sillares que la elevan. ornamentada  hasta el último detalle el extremo superior y con la portada haciendo juego forma un edifico muy original.

A la vuelta nos paramos en el conocido Hospital de Pobres y Transeuntes, de siglo XV según la informacón expuesta. Su portada ojival , a su lado hay otro edificio que luce un portada románico-gótica interesantísima, seguramente, la portada más antigua de toda la población.

Con las dos pasadas ya apetecía un refresco y volvimos hacia la plaza paseando por otras calles, procurando no perder la altura que luego necesitariamos. Para comer optamos por la tranquilidad de la plaza de Santa María, en la terraza que el restaurante del mismo nombre tiene a la sombra del pequeño y coqueto jardín.

Puntillitas, brochetas de gambas, que Huelva no cae lejos,   presa de Ibérico, un café y nos acercamos a ver la Villa Romana de El Pomar, que está cerca de la salida hacia Fregenal. Aunque el recinto estaba cerrado pudimos ver algunos detalles de  las excavaciones que se observan desde la valla, luego pusimos rumbo a Fregenal de la Sierra.

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Hay que cruzar dos pequeños puertos que trasponen la Serranía de los Caballeros y pasar a los primeros aires de Sierra Morena. La zona de producción de Ibérico se une aquí a la vecina Jabugo, que aprovecha un buen número de cabezas de porcino extremeño para su Denominación de Origen que se exitende por todo el Parque Natural Sierra de Aracena y Picos de Aroche.

En Fregenal hay mucho que ver, pero tienes que tener suerte e ir con los horarios locales.  El cerro donde se asienta la población es pequeño, pero las murallas aprovechan al máximo el desnivel del terreno. Es un castillo enorme, como si fuera de una población mucho mayor.

No tuvimos ocasión de visitarlo, pues hubiéramos tenido que esperar casi dos horas hasta las 18:30 que se abría al público. El castillo fue de los Templarios, datado del siglo XIII. Tiene hasta siete torres a lo largo del recinto destacando tres bien robustas: la Torre del Homenaje, la de Santa María y la del Polvorín.

Dentro del castillo se encuentran varios edificios y una hermosa plaza de toros del siglo XVIII.

Tampoco pudimos ver la iglesia, que ya en la portada eminentemente románica prometía grandes valores.

La Plaza es un encanto; en un lado se sitúa la Torre del Homenaje junto a la Iglesia de Santa María y la curiosa y bonita casa parroquial y el Mercado de Abastos, un elegante edificio de principios del siglo XX.

 

Dimos la vuela al castillo recreándonos en las particularidades de la arquitectura local y pensamos volver a Zafra para descansar un ratito y dedicar la tarde a la ciudad.

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Aprovechamos que había una boda en la Colegiata de la Encarnación para poder visitarla, mientras salían los asistentes dimos una vuelta por el interior del templo.

Grande como todos los que hemos visto por la comarca, lo que mas resaltaba era el retablo. Quedamos boquiabiertos en cuanto miramos hacia él. Todo el lienzo frontal y los contiguos del abside estaba cubierton por una auténtica obra maestra. Una filigrana de madera que no dejaba lugar a la nada, expresiva por todas partes, tanto en conjunto como el macro de cada una de sus partes.

Otros dos retablos llenaban los huecos de la nave a ambos lados de la misma. Mas pequeños pero igualmente  trabajados. También destaca la pila bautismal; de una sola piedra de mármol blanco y con distintos motivos que la embellecen.

No podiamos irnos de Zafra sin conocer el Castillo-Palacio de los Duques de Feria. Por fuera fortaleza y por dentro una estancia que parece inspirada en un cuento.

El Parador de Turismo ofrece un lugar privilegiado donde hospedarse, degustar sus excelentes propuestas gastronómicas o simplemente tomar un refresco.

En lo que fuera el patio de armas se ha construyó un cláustro de mármol gris-blanco que cubre los doce arcos que hay en cada una de sus dos plantas y todo el suelo del patio donde hay una sencilla fuente.

En la terraza tiene instalados unos cómodos sillones donde pasar un buen rato mientras van cayendo el sol y las luces del interior dibujan perfiles y sombras de gran belleza en el interior del claustro.

Salimos con ganas de cenar algo, un bar de tapas sería la opción escogida. Esta vez probamos las tapas de Berenjenas fritas con miel, que por aquí se estila mucho, tortitas de camarones, papas con mojo verde  y buñuelos de bacalao.

De ahí a la Plaza Chica, que es otra joyita de Zafra, está pegada a la Grande y tiene hechuras mas modestas y un sabor añejo que la hace muy especial. Casi que puedes dejar de ver cualquier cosa por conocer este lugar. Por la noche se llena de terrazas donde jóvenes y no tanto toman refrescos, copas… el ambiente es genial e invita a pasar buenos momentos.

Para la vuelta elegimos parar en Villafranca de los Barros, acercarnos a los pueblos llanos de esta parte de estremadura. Tuvimos la oportunidad de ver varios grupos de caminantes que peregrinaban por la Vía de Plata, que pasa por este pueblo.

Casas blancas de la cabeza a los pies que no tienen reparos en ocupar grandes espacios. Y es que estas viviendas tienen un tamaño medio muy importante. Fuimos derechos a la plaza que es muy atípica; tiene la iglesia parroquial de Nuestra Señora del Valle justo enmedio.

Toda ella es muy original. Esta pintada de un salmon muy clarito que llena absolutamente todo el conjunto excepto la gran portada, que es íntegramente de sillares de granito. La torre es cuadrada y se remata en tres cuerpos, siendo el último un octógono abierto en todos sus lados y con una estirada figura pirámidal que acaba en un pararrayos. Las oquedades del primer tramo, la altura original de la torre, tienen cegados los huecos de las campanas.

Después de reparar en los muchos detalles que están esculpidos en la portada pasamos dentro donde vimos las columnas mas gruesas que jamás hay visto. Cuatro pilares gigantes de una anchura descomunal sujetan la cúpula con una sensación de robusted muy extraña en un edifico tan grande.

El retablo está completo, de un diseño sencillo sin recargar sus formas se inspira en formas clásicas para cubrir todo el fondo de ancho abside en veintiún ecuadros en los que se insertan esculturas o pinturas.

Pintado está también el techo de la bóveda de medio cañón del abside y la parte superior que no llena el retablo por una mano maestra que ejecutó la idea a la perfección. Nos llama la atención las pinturas en paredes y techos del abside, sobre todo viniendo de la provincia de Cáceres, donde este tipo de  pinturas brillan por su ausencia

Preside el templo una talla policromada de la Virgen del Valle. Dicen que es del siglo XVII, aunque por sus maneras y expresiones parece el de una escultura del siglo XV.

Procesionamos dentro del templo de talla en talla comentando las peculiaridades de cada una, sobre todo una de un cristo negro, la pila bautismal, también de mármol banco y muchos detalles sobre los que tendremos que volver otro día

Dando un paseito por el pueblo nos topamos con la Ermita de la Virgen Milagrosa. Pequeña nave con otro retablo digno de la mejor exposición. El ermitaño muy simpático y atento nos contaba la procedencia del culto de la Milagrosa

Volviendo a la plaza decidimos entrar en el Museo Etnográfico. Por fuera el edificio conserva el estilo que lo construyó, pero de puertas adento está totalmente reformado.

Dispone de un montón de salas ordenadas por las profesiones y estancias típicas de los tiempos antiguos, otras sirven para exponer el trabajo de artistas locales o exposiciones itinerantes.

Obligatorio  acercarse a la Ermita de la Virgen de la Coronada. El edificio es medieval reformado en el siglo XVI. El exterior, sobre todo la torre es muy sugerente con aires orientales, como las almenas exteriores que coronan parte de la nave. Pintada de blanco totalmente esconde las distintas etapas constructivas del edificio.

El interior también está encalado. Blanco con algunos perfiles marcados con un amarillo claro muy a juego con la luminosidad general. El retablo tiene un estimo muy barroco. Todo esta recargado y los detalles son casi infinitos.

La virgen de la Coronada se representa en una bonita talla de la que no se conoce su origen, pero bien pudiera ser del siglo XIV o XVl. Esta pintada con tenues motivos florales y en su mano sostiene cetro y bastón. El niño sin embargo, viste una capa dorada.

Salimos ya de la población en dirección a la Presa Romana de Proserpina y sobre las dos y algo estábamos deslumbrados ante esta maravillosa construcción.  Como todo lo que se hacía en tiempos de los romanos, combina los aspectos fundamentales de lo bien hecho: la robusted,  funcionalidad y estética.

Estas gentes construían con la intención que llegase al final de los tiempos y a buen seguro esta presa lo hará. Se fabrica entre los siglos I y II para abastecer a la gran Emerita Auguta. Cuatrocientos metros de muro que en su punto mas elevado llega la los veintiún metros.

El diseño no tiene un pero: en contacto con el agua hay una gruesa pared de dos metros de sillares perfectamente encastrados, luego un espesor de mas de tres de mortero bastardo y cerrando otra pared de piedra. Por detrás un gran espaldón de tierra de unos quince metros de grosor e igual altura que el muro que sujeta la fuerza del agua. Irrompible…

Los ultimos metros están escalonados por motivos puramente decorativos y estéticos.

Siempre ha estado en funcionamiento y en diversas ocasiones ha sufrido reparaciones o reformas, solo la del siglo XVII dejó su impronta. En la actualidad  está gestionada por la Confederación Hidrográfica del río Guadiana y su uso es esclusivamente social, recreativo y cultural.

Tiene dos torres que actúan de bocines, grandes contrafuertes en su parte central y cuatro kilómetros de acueducto enterrado hasta la ciudad de Mérida. Además, hay todo un complejo de molinos que aprovechaban la fuerza del agua para distintos usos.

En 2010 se inauguraron unas obras de acondicionamiento para agrandar las posibilidades turísticas del entorno. Así se construyó un paseo que rodea el embalse, unos 14 kilómetros.

Se acondicionaron lugares para el baño, la pesca, la navegación y espacios para que los establecimientos hosteleros se sitúen entre las preciosas vistas del pantano.

Fotografías:

20110827 Ruta por la Plaza Chica de Zafra. Sierra de los Caballeros. Extremadura


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Ruta por la Plaza Chica de Zafra.

Pueblos de la Sierra de los Caballeros. Extremadura

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20110827 Ruta a la Villa Romana El Pomar en Jerez de los Caballeros. Sierra de los Caballeros. Extremadura


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Ruta a la Villa Romana El Pomar en Jerez de los Caballeros.

Arqueología en la Sierra de los Caballeros. Extremadura

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20110828 Ruta por Zafra. Sierra de los Caballeros. Extremadura


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Ruta por Zafra. Sierra de los Caballeros.

Ciudades de Extremadura

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20110827 Ruta por la Iglesia de San Bartolomé en Jerez de los Caballeros. Sierra de los Caballeros. Extremadura


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Ruta por la Iglesia de San Bartolomé en Jerez de los Caballeros.

El Barroco en la Sierra de los Caballeros. Extremadura

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