Categoría: Badajoz

Ruta de las Orquídeas en San Jorge de Alor


La Sierra de Alor y la población aledaña de San Jorge de Alor pertenecen a la comarca de los Llanos de Olivenza, al sur de la capital de la provincia de Badajoz, limitando con las dehesas de jerez y a muy poca distancia de la región portuguesa del Alentejo, a la que pertenecía hasta 1801, cuando pasó a ser española.

La Comarca de Olivenza está compuesta por 11 municipios. Es un territorio de carácter transfronterizo, que ha marcado el desarrollo económico, social y cultural de la comarca. Extensas dehesas constituyen hogar común para la ganadería tradicional y la fauna silvestre, salpicadas de antiguos castillos y pueblos encalados con la habitual arquitectura portuguesa. La raya hispanolusa, una de las fronteras más antiguas de Europa, le da una impronta peculiar a la comarca, con tradiciones e historias muy peculiares. El agua, gracias al Río Guadiana y al lago de Alqueva, es un gran aliciente de este territorio que tiene mucho más que ofrecer a los ecoturistas.

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Comarca de los Llanos de Olivenza desde la Atalaya de Sierra de Alor

La Sierra de Alor es un LIC (Lugar de Importancia Comunitaria) que se levanta a 600 msnm. Está cubierta por densas dehesas, garrigas de quejigos y fincas de olivares, algunos dedicados al cultivo ecológico, pertenecientes a la Junta de Extremadura. Su principal atractivo es la Rosa de Alejandría o peonía (Paeonia broteroi), que crece en la zona más alta entre los encinares y quejigares. Esta especie está protegida por la ley y está estrictamente prohibido recolectar cualquier parte aérea o subterránea de la misma. También es posible encontrar hasta 15 especies diferentes de orquídeas, entre ellas Barlia robertiana (orquídea gigante) o Orchis italica (hierba del hombre desnudo). Es también el único punto fuera de Extremadura en el que crece la protegida Ceratocapnos heterocarpa, una hierba rupícola de la familia de las fumariáceas que posee dos tipos de frutos de distinta morfología.

El viernes 25 comenzamos esta florida ruta. Las personas de la zona nos habían dicho que la floración de las peonías (Paeonia broteroii) este año se adelantaba con este invierno taaan raro que hemos tenido este año, pero resultó que los que nos adelantamos demasiado hemos sido nosotros: alguien ya había estado allí y se había llevado las primeras peonías abiertas (lo cual lleva una multa gorda), así que no pudimos disfrutar del precioso espectáculo floral.

Sin embargo, no nos fuimos con las manos vacías (o más bien las cámaras de fotos). En los caminos de la sierra, muchos entre olivares ecológicos, crecían multitud de orquídeas de distintos colores, tamaños y formas, además de otras muchas flores sorprendentes, como la meleagria (Fritillaria lusitanica) una gran campana a rayas rojas y verdes de la familia de los tulipanes.

Las jaras blancas (Cistus albidus, llamada así por el color blanquecino de sus hojas, el cual se debe al indumento peloso que las recubre) lucían sus arrugadas flores rosas. Las Fumarias oficinalis llenaban de rosas los pastos, y las peonías apuntaban con sus capullos la inmediatez de la primavera.

Muy pronto volveremos y podremos comparar el precioso paisaje, aún más adornado por las primeras peonías. ¡No te las pierdas!

 

 

Ruta de Aves por el Azud del Río Guadiana. Vegas de Badajoz. Extremadura


Ruta de Aves por el Azud del Guadiana en Badajoz.

Vegas Bajas de Extremadura

No muy temprano nos encaminamos al azud para ver cuántas aves se congregaban allí un día neblinoso como hoy. El chispeo primaveral y la ausencia de frío anunciaban un buen día de pajareo, ya que cuando llueve los pájaros suelen tener mejor pesca, algo que también saben los pescadores.

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En las inmediaciones de la pequeña presa o azud que embalsa el río Guadiana a la altura de la ciudad de Badajoz, había numerosas gaviotas patiamarillas y algunas gaviotas reidoras, además de ánades azulones, alguna garza real, fochas y pollas de agua, y un simpático chorlitejo chico que merodeaba nervioso por la escala de los peces con su penetrante canto. Nos demoramos un rato en el observatorio para echarles unas fotos y emprendimos la marcha por la margen derecha.

Más adelante encontramos un árbol que sirve de dormidero a los martinetes: al menos una veintena de ellos reposaban entre las ramas de la orilla.

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Durante el camino nos sorprendió observar un ejemplar de morito. Más adelante nos encontramos en el camino con un profesor de zoología de la universidad que nos confirmó que el año pasado ya hubo constancia de 5 moritos en el azud, lo que nos hizo plantearnos si habíamos visto varios ejemplares, o varias veces al mismo ejemplar.

A nuestro alrededor salpicaban el aire húmedo los cantos vehementes de los ruiseñores bastardos, que asomaban y revoloteaban entre los labiérnagos y los fresnos que ya apuntaban las primeras hojas. Las tarabillas, descaradas, marcaban nuestra posición y se aferraban a ramas desnudas que sirven como estupendos posaderos.

Las fumarias y las silenes daban un toque de color a la vereda. Las espátulas, las garzas y los ánades nos sobrevolaban continuamente, haciendo del paseo algo parecido al juego de disparar a los patos que pasan, aunque esta vez, con la cámara fotográfica.

Ya cerca del final, un verderón y un verdecillo (especies emparentadas) cantaban entremezclados en la maleza; los cantos rasgados de los buitrones, que emiten mientras vuelan en trayectoria balística, los finos silbidos de los jilgueros, el canto explosivo del ruiseñor bastardo, los borboteos de las pollas de agua, el parloteo alegre de las golondrinas y el escándalo africano de los picos de coral formaban una algarabía primaveral, una banda sonora perfecta que anunciaba la nueva estación.

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