Ruinas del Convento de los Agustinos en Santa Cruz de la Sierra.


Ruinas del Convento de los Agustinos

Santa Cruz de la Sierra.

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Antes del Convento, en el lugar se sucedían fenómenos extraños de luces y sombras entre destellos que salían de la tierra o asomaban por la sierra…  Incluso el Obispo de Plasencia, sobre el año 1786,  tuvo un encuentro con ellas, y tres meses estuvo esperando en el Convento a que Dios le declarara su voluntad.

En el pueblo, personas de toda credibilidad aseguraban haberlas visto varias veces. En 1633 en la Historia de Mérida se cuenta como “de ordinario se ven unas luces milagrosas, y se entiende son señales de que allí están escondidos algunos cuerpos de santos, pues otras semejantes luces se han visto adonde había cosas de este género”. Hay testigos que afirman haberlas visto de noche; en invierno o verano las luces se siguieron viendo junto al convento o en lo alto de la sierra, concretamente dan la fecha de mediados de julio de 1743 para uno de los avistamientos.

img_5378-1200x800Pero lo que más afectaba a la población era la existencia de un pozo cavado a pico, sus aguas milagrosas alcanzaron gran fama por las propiedades medicinales que disfrutaba, especialmente por sanar viruelas. Otra característica era la capacidad de pasar de estar completamente vacío a llenarse completamente en apenas unos segundos, venían gentes de partes remotas del reino buscando la curación, incluso del vecino reino de Portugal.. Algunos papeles dicen que brotó poco antes de la llegada de los frailes. También, antes de la llegada de éstos existía una tradición que decía que allí se escondía la parte de la cátedra de San Ildelfonso y un fragmento de Lignum Crucis. En 1699 hicieron una excavación para dar con ellos sin resultado alguno.

El solar se encuentra justo encima de la población, ocupando una semi llanura antes de la fuerte pendiente de la sierra. Allí en 1629 tomaba posesión del Convento el provincial de la Orden de Agustinos recoletos de Castilla, dos años antes Santa Cruz paso a ser Villa de Señorío.

El nuevo Señor era un noble de Trujillo, muy bien situado en la Corte de Felipe IV decidió realizar la obra. No se conoce bien las razones, seguramente el capricho y la necesidad de tener un elemento de ostentación en su nueva adquisición. Con una mano delate y otra detrás entraron los nuesvos inquilinos; el Señor y sus sucesores siempre se lavaron las manos en la financiación de las obras del Convento, quedando en las espaldas de los Agustinos, que tardaron más de cien años en completar todas las dependencias. La construcción partió de una iglesia que hicieron alrededor del pozo milagroso y estancias para los frailes. Fue creciendo poco a poco hasta configurar un complejo imponente, destacando sobre la población con edificaciones altas y fuertes.

La Regla de los Agustinos implicaba votos de pobreza, castidad y vida interior. A medida que crecía el Convento las normas se relajaban y las relaciones con las clases altas se hacían cada vez mas frecuentes.

El Convento se convirtió en centro de atención y peregrinage. Todo el mundo hablaba de las luces que aparecían y de las bondades del agua milagrosa de su pozo. En 1786 el cura de Santa Cruz hace un relato pormenorizado de este momento álgido para el Convento.

Aunque se supone un inicio feliz en las relaciones entre la población y la Comunidad Religiosa, lo cierto es que de entrada ya no tendrían acceso al pozo y a sus propiedades curativas. Precisamente el primer encontronazo fue por el agua; los frailes, que consumían la mitad del agua que llegaba al pueblo, construyeron un pozo para abastecerse y secaron otro que el pueblo utilizaba en tiempos de sequía. Otra vez se estropearon las cañerías que vienen de la sierra desde tiempos remotos; el convento se negaba a pagar una parte de los gastos para los arreglos y el asunto llego al Juzgado de Granada, que siempre fallaba a favor de los frailes.

El temor de Dios fue bien explotado en el tiempo que la Inquisición funcionaba a pleno rendimiento. Instituyeron el Cristo del Perdón dotándole de una apariencia de protector ante adversidades meteorológicas.

Llegaron a controlar todo lo espiritual en la población, asignando tres clérigos, incluido el párroco. Pero también en lo material, pues eran muchas las demandas, impuestos y limosnas obligatorias que había que satisfacer a los frailes. Poseían las mejores tierras y entre el convento y el Conde se quedaban la poca industria que había, la posada, el molino.

La exclaustración propiciada por las Desamortizaciones del siglo XIX acabó por sacar a los últimos frailes del convento. La población local aprovechó la circunstancia para hacer imposible la vuelta de los Agustinos.

Con mulos y bueyes derribaron las paredes, bóvedas, estancias… cegaron el pozo milagroso con piedras hasta arriba, sólo respetaron la iglesia. El proceso dio al traste con el patrimonio que había amasado el convento en Santa Cruz de la Sierra y en otras poblaciones del entorno como Trujillo, Herguijuela, el Puerto… Tenían casas, huertas, hospitales, ganado…

Todo al traste, todo destruido, mal vendido, acaparado por nobles y burgueses con mucho capital. Hoy es una ruina creciente que no deja de atraer a curiosos e investigadores. Es el legado del Convento.

La iglesia, del siglo XVII, es de una sola nave con forma de cruz, cuyos pies ,donde sitúan al fachada, miran al pueblo.

En el centro de la cruz se sitúa el pozo milagroso, con su brocal, de una sola pieza de granito, está decorado con pétalos y el corazón de la orden de los agustinos, tiene una pilita para el agua bendita.

La portada es de estilo neoclásico, encima ha una hornacina donde estaba San Joaquín, que es el titular de la iglesia y que hoy podemos ver en la Iglesia de la Vera Cruz, donada recientemente por sus dueños al pueblo de Santa Cruz.

A los dos lados de la hornacina se  exponen los escudos de la Casa de Chaves y Mendoza, que fueron colocados en 1777 por el quinto Conde de Santa Cruz, Vizconde de la Calzada,Duque de Peñaranda de Duero, Conde de Miranda de Castañar, Conde de Casarrubios del Conde y  Grande de España por varios sitios…

La construcción tiene bastante altura, un cúpula semiesférica en el centro y bóvedas de cañón en el resto. No tiene tejado, por lo que en exterior se aprecian perfectamente todas estas estructuras. Están tan bien hechas, que sin ningún tipo de cubierta, resisten a duras penas los embates del tiempo

En algunas paredes conserva restos de pinturas murales, como en la cúpula, donde una hexápela decora la clave. las mejores están en las paredes del coro, aunque hay rastros casi por todas partes.

Todos los arcos son de medio punto y están realizados con grandes sillares de granito y son el esqueleto que sujeta toda la techumbre. El coro recrea otra bóveda prácticamente plana. Debió tener hasta órganos, a juzgar por los soportes que hay incrustados en la pared.

Del resto del convento quedan las paredes principales. A modo de murallas, rodean un amplio cuadro en el que la iglesia ocupa un lado.

Se aprecia los arranques de las bóvedas de ladrillos que había en el primer y en el segundo piso cuando había un tercero.

Todavía se ven algunos restos de hornos, chimeneas… Casi todos los ornamentos están arrancados.

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