Los últimos de la Fila. Villuercas Ibores y Jara


Los últimos de la Fila.

Villuercas, Ibores y Jara

 
Cuando toca a esta tierra? es una pregunta recurrente para todos lo que tienen la oportunidad de conocer un poco de las Sierras y Montes que conforman esta comarca. Sobre todo si tienes la refencia de otros lugares de Extremadura.
 
Muchos nos hacemos preguntas que no tienen respuesta. No encontramos explicaciones al estado de nuestras carreteras, no sabemos porqué aquí no se instalan empresas ni se desarrolla el turismo de una manera explícita. Soportamos una legislación y un celo extremo por parte de las Administraciones; que nos teledirigen a distancia sin coordinación alguna entre ellas y mucho menos con los municipios.
 
La falta de recursos de los Ayuntamientos hace obligado la subscripción de Conciertos con otras Administraciones para la gestión de los activos mas importantes con los que cuentan los pueblos: recaudación, gestión dehesas, cinegética… Estos convenios hace que perdamos el poder de decisión que deberiamos tener sobre lo nuestro. Asistimos atónitos a las intervenciones de empresas que trabajan sin ninguna vinculación a la tierra, con criterios muy económicos y sin orden ni concierto. Nuestros trabajadores se quedan sin jornales cuando vemos como los dineros vuelan sin responsabilidades concretas ni trabajos completos.
 
Es extraño que se hagan Parques de la Naturales olvidando la Naturaleza de estos montes. Que se dervirtuen las comunicaciones, que no se ataje la desgracia que significa ser la comarca mas deprimida de Extremadura. Las Hurdes primero, la Siberia, Gata, la Serena y otros han sabido explotar la imagen de pueblos atrasados que nunca fueron, para llegar a ser vanguardia en el desarrollo rural. Ellos han sabido hacerse de unos equipamientos que ya quisieran en las sociedades avanzadas.
 
Nuestras gentes nunca han sido contestatarias con el poder. Viven con una resignación asumida como el mal menor por las generaciones de muchos siglos. No acabamos de salir del braserino, del quitame de lo necesario para guardar un euro, del miedo congénito al fracaso, de un falso orgullo que nos nos deja crecer.  Mas pendiente del vecino, del emprendedor, del hacendoso, del trabajador…  al que ponemos a parir para así justificar nuestra innacción. Solo pensamos en empresas que no podamos alcanzar y nos lamentamos de los grandes males del mundo para que todo siga igual, que pase un día y otro día y otro… después de todo, nunca estuvimos mejor, nunca soñamos vivir mejor, aunque pocas veces quedamos tan pocos.
 
 
 

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