Ruta al los restos del Castillo de Villarta de los Montes


Este es un viaje a la búsqueda de las esencias de un pueblo. La Tradición Local lo señala como el lugar donde está escondido el Becerro de Oro. Un mito que se repite en otros lugares y en otras sierras. Sin duda podemos afirmar que si no el Becerro, encontraremos al menos uno de los tesoros históricos mas importantes a esta parte de la Siberia de Extremadura. El Castillo de Villarta.
De la población sale una pista que dirige sus pasos a la Sierra del Castillo. Si haces el camino andando, pregunta por la Senda del Castillo, está en buenas condiciones y te lleva a lo alto por el camino mas directo.
Si vas en coche después de cruzar un hermoso valle empezarás a subir, primero lentamente y luego, en un cruce cogemos la pendiente mas repentina hasta la próxima intersección que nos recomiendan giremos a la derecha para subir a la montaña por la cara sur. Podemos parar y admirar la estrechura del valle, donde se encuentran los restos de impresionantes torres de molinos.
Asegurarte de elegir un terrenos despejado para la ascensión final, la subida es vertiginosa pero apenas es un cuarto de hora de aprentón general de todos los músculos del cuerpo. Enseguida empezamos a coronar el alto.
Los riscos de cuarcita anuncian los primeros restos de paredes de grueso calibre, estamos en la primera o segunda muralla del lado oeste. Pisando montañas de piedras intentamos llegar a la punta de la sierra donde finaliza el muro y gira casi 180º para y volviendo por la vertiente contraria.
Desde este punto tienes las vistas mas hermosas y mas amplias, dominas todas las tierras de tu alrededor de los cuatro puntos cardinales. También los lugares estratégicos; tenemos que imaginar los vados que ya no están y los puertos que ya no se usan, los caminos, las cañadas, los puentes nuevos y el puente viejo si el nivel del pantano lo permite…
Es una lección de geografía que muestra de la manera mas directa; la forma de las tierras de Villarta de los Montes.
Podemos volvernos para recorrer el castillo por el centro, intentando encontrar los restos perdidos de las estancias del castillo, los trozos de muralla y otros vestigios interesantes entre una espesa mata de encinas salpicada de tomillos y jaras.
Todo está por investigar, todo por encontrar, así que con los ojos atentos y la imaginación muy viva.
Salvando los afilados pinchos de los enebros y según la época del año, disfrutando del colorido de las jaras de flores violetas, las retamas y mil flores que ponen bellos colores entre los grises de la cuarcita.
El lado del este está muy bien defendido por una muralla natural de cuarcita de imponentes dimensiones, se aprecian restos de muro encima de muchos de ellos, pero sin duda, la mayor acumulación de restos se da en el lado Oeste, hacia el centro del recinto.
Aquí queda perfectamente dibujado el rastro prácticamente completo de dos murallas que defienden el lado mas débil del castillo.
La superior es mas fuerte y se apoya en muchas afloraciones rocosas para conseguir una gran consistencia. No hay mejores cimientos para sustentarse. Paramos un poco a divisar la población, que desde este ángulo tiene un perfil especial.
Un poco mas adelante llegamos a una esquina del recinto principal. Hay restos de una especie de torre o aljibe de dimensiones considerables.
Junto a ella se encuentran otra serie de construcciones cuadradas que desentrañar.
En esta parte la muralla se cierra hacia el otro lado, donde también se puede seguir el recinto. El grueso calibre de la misma nos ayuda en este recorrido.
Si decidimos continuar hacia las cimas cercanas vamos viendo como los restos siguen, no de manera tan intensa pero con unas densidades muy importantes, tanto como para pensar que pudiera haber otro recinto pegado al principal que acogiera otras edificaciones. También es momento de volver la vista atrás y recrearnos con la majestuosidad de los restos que se amontonan y aún en su ruina, se dejan intuir.
Entre las matas encontramos un pocito de pequeñas dimensiones que en otro tiempo seguro que era mas hondo, cuentan que los pastores se acercaban a beber no hace demasiado tiempo.
Nuevos montones de piedras con una gruesa capa de musgo cubren la mayor parte de los espacios. Algunas paredes quieren simular los anchos de las cercanas murallas del castillo
Parece que no tiene fin, pero nuestra excursión está llegando al punto mas alejado.
Una pequeñina cueva puede ser el colofón para volver nuestros pasos buscando la cara que no hemos visto para bajar la sierra por el lado contrario. Si quedan fuerzas, podemos aventurar mas nuestros pasos y examinar los riscos que puedan esconder los tesoros de nuestras vidas.
El el momento de recrearnos con el valle del Guadiana en un tramo que endereza el pantano pero que muestra entrantes que llevan a los muchos rincones perdidos de la Siberia que queda por descubrir.

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