Ruta a la Cueva de Escobar. Roturas de Cabañas del Castillo. Villuercas Ibores y Jara


Senderismo en las Villluercas

Ruta a la Cueva de Escobar de Roturas de Cabañas

De las mas bellas e instructivas estampas que podamos recordar en los años de caminos por estas maravillosas tierras. Ya sabiamos que había pinturas rupestres, que estaban el espigón de las sierra que separa el Valle de Santa Lucía del Almonte, que era primavera y hacía un día magnífico, así que merecía la pena el paseo.

Combina una amplia carta de posibilidades. Para el común de los mortales es recomendable partir de Roturas en coche, por la pista que sube a la Sierra de la Ortijuela para rodearla por la derecha de la última cresta. La pista tiene tramos de hormigón, el resto no está en malas condiciones para la circulación de cualquier vehículo. A veces despacito y siempre atentos a las vistas nos regala el Valle del Almonte con el pueblo cerca del curso.

Dejamos el coche justo donde el camino se vuelve a la ladera contraria. Hay un apartaero bueno. El risco queda justo enfrente, para subir despacio por una pequeña loma. Hay una vereda comida de jaras que casi que no encontraremos y que lleva a la casquera por la parte superior. La adviertes por los trabajos de desbroce realizado hace unos años que tumbaron grandes arbustos.

El intenso aroma de los tomillos, el orégano conjugan a la perfección con las matas de jaras y brezos que te tapan por completo.

También podemos seguir con el coche hasta donde el río de piedra se parte por el camino y subir por la el borde de la pedrera mientras puedas y saltando entre las mas grandes hasta casi el final. Castiga mas los músculos  y hay que parar frecuentemente para tomar oxígeno pero no tienes que sortear el monte que obstaculiza cada paso.

Mejor que vayas con guía y no haya sorpresas desagradables. No pierdas de vista la enorme racha que casi rompe el cancho. Los dos agujeros son grandes y se insinúan en la grieta. Así no nos perderemos en el laberinto de rocas que hay que sortear para ascender a las cuevas.

Entre las muchas cosas que van a llamar nuestra atención, destaca un gran lienzo rocoso donde están grabadas huellas de hace millones de años; las ondulaciones que formaban las arenas del fondo marino y otros restos fósiles.

Aunque ya presumimos que la de arriba será mas grande, esta primera cueva nos causa una gran impresión. Es enorme, en el borde de la izquierda vemos la primeras pinturas rupestres.

Identificamos varios anconiformes, figuras humanas junto a otra muy rara que contiene puntos en su interior. Nos paran un buen rato que variamos con la contemplación del paisaje que hay bajo nuestro y la relajación propia de la culminación del esfuerzo realizado.

Llevaros una o dos bolsas de basura para ir recogiendo lo que los insensatos van dejando. Hay de todo, cristal, plásticos, papel aluminio. Una pena que en el Siglo XXI sigamos siendo unos animalitos.

Aunque vemos que hay un tubo que comunica las dos grutas, es mejor subir por la repisa exterior. Con el suelo seco no hay problemas y sin peligro llegamos a la segunda.

Esta si que es grandiosa. Lo tiene todo, incluso un tubo de 25 metros abierto en el filón metalífero de la cuarcita. Había tres murciélagos que revolotean o duermen, un intenso olor como a fósforo, quizás de sus excrementos que se amontonan en el suelo. Hay dos paneles con pinturas rupestres que casi no se ven en la entrada de este tubo. Una manchas rojizas de difícil interpretación junto con letras modernas de fácil identificación personal.

En el exterior hay una pequeña terraza a modo de balcón natural para reposar experiencias al tiempo que perdemos la mirada entre las torres del castillo, la frondosa vegetación de la rivera, en estos cerrados valles de las Villuercas y la innumerable lista de pueblos que divisamos desde los mas de 900 metros en que estamos encaramados.

Estamos cerca de las buitreras por lo que no será extraño encontrar cercano el vuelo de estas aves.

Al bajar no tenemos que dejar pasar el agujero que hay junto a la primera cueva. Nos introduce en una racha abierta en la roca, muy estrecha, un metro mas o menos y muy alta; mas de cinco metros que van juntándose a medida que suben. Podemos entrar unos quince metros hasta el final donde hay un agujero que da a otro abrigo por la otra parte. Tiene pinta de inseguro, no sabemos donde da y casi no se coge.

Para regresar a nuestro punto de partida elegimos hacerlo por la casquera, buscando la orilla izquierda para salir de las piedras lo antes posible. Cuando demos con la pista la seguiremos hasta donde dejamos el coche.

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