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LOS BARRUECOS


Monumento Natural desde 1996, Malpartida de Cáceres

A las 11 a.m empezamos nuestra ruta por este maravilloso lugar, que tranquilidad….solo unos cuantos pasean a ésta hora evitando las procesiones…

Empezamos nuestro itinerario donde se juntan la ruta verde y roja, ruta que empieza en la charca de arriba. Aquí ya empezamos a observar sus grandes bolos de granito, de ahí el nombre de “los Barruecos”.

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Ruta del Barrueco de  arriba

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Bolo granítico

Bordeamos su orilla para seguir por la ruta verde que se une a la roja y nos encontramos restos de la historia no muy lejana…

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Molino

 

Éstas charcas son el refugio de cantidad de aves, encontramos gran cantidad de acuáticas  como garcillas, garzas, ánades, martin pescador….y  de rapaces como águila calzada, milanos, águiluchos cenizos, cernicalo primilla  ….situado entre dos grandes espacios naturales como la Sierra de San Pedro y los LLanos de Cáceres es utilizado por mucha de éstas aves como zona de caza.

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En nuestro recorrido también están presentes las plantas, la reina de éste paraje es la  retama blanca, otras especies menos presentes como el torvisco, la dedalera, el piruétano, eucalipto……

La reina  indiscutible de éste espacio es la cigüeña blanca, Malpartida de Cáceres está declarado como pueblo europeo de las cigüeñas por la gran cantidad que encontramos en sus alrededores, en los Barruecos éstas aprovechan los bolos graníticos para hacer sus nidos en lo alto.

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Más tarde tomamos la ruta verde, la que nos lleva al museo Vostell, éste museo fué creado por el artista alemán Wolf Vostell, y se encuentra en el antiguo lavadero de lanas.

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Ruta del Barrueco de abajo y Museo Vostell al fondo

Alrededor del museo aparecen esculturas de éste artista que se integran en el paisaje.

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Damos la vuelta para coger la ruta azul. No paran de impresionarnos la cantidad de formas que tienen las rocas que nos acompañan durante todo el recorrido.Nos encontramos con gran cantidad de personas que aprovechan el dia de descanso para buscar “criadillas” la trufa blanca, de gran interés culinario.

Tomamos la ruta azul en busca de una antigüa villa romana que había alrededor de Norba Caesarina y un conjunto de tumbas antropomorfas excavadas en las rocas. Sólo quedan los restos, pero se adivina perfectamente el tamaño de la villa.

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Un poquito más adelante empezamos la ruta de los sentidos y los restos de un poblado Neolítico, donde podemos contemplar  pinturas y  grabados rupestres. También gran cantidad de rocas con formas muy diversas.

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Peña de la seta

 

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Peña de la tortuga

 

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Restos de pinturas rupestres en el interior de la roca

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Pintura rupestre

 

 

Ruta de Aves por el Azud del Río Guadiana. Vegas de Badajoz. Extremadura


Ruta de Aves por el Azud del Guadiana en Badajoz.

Vegas Bajas de Extremadura

No muy temprano nos encaminamos al azud para ver cuántas aves se congregaban allí un día neblinoso como hoy. El chispeo primaveral y la ausencia de frío anunciaban un buen día de pajareo, ya que cuando llueve los pájaros suelen tener mejor pesca, algo que también saben los pescadores.

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En las inmediaciones de la pequeña presa o azud que embalsa el río Guadiana a la altura de la ciudad de Badajoz, había numerosas gaviotas patiamarillas y algunas gaviotas reidoras, además de ánades azulones, alguna garza real, fochas y pollas de agua, y un simpático chorlitejo chico que merodeaba nervioso por la escala de los peces con su penetrante canto. Nos demoramos un rato en el observatorio para echarles unas fotos y emprendimos la marcha por la margen derecha.

Más adelante encontramos un árbol que sirve de dormidero a los martinetes: al menos una veintena de ellos reposaban entre las ramas de la orilla.

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Durante el camino nos sorprendió observar un ejemplar de morito. Más adelante nos encontramos en el camino con un profesor de zoología de la universidad que nos confirmó que el año pasado ya hubo constancia de 5 moritos en el azud, lo que nos hizo plantearnos si habíamos visto varios ejemplares, o varias veces al mismo ejemplar.

A nuestro alrededor salpicaban el aire húmedo los cantos vehementes de los ruiseñores bastardos, que asomaban y revoloteaban entre los labiérnagos y los fresnos que ya apuntaban las primeras hojas. Las tarabillas, descaradas, marcaban nuestra posición y se aferraban a ramas desnudas que sirven como estupendos posaderos.

Las fumarias y las silenes daban un toque de color a la vereda. Las espátulas, las garzas y los ánades nos sobrevolaban continuamente, haciendo del paseo algo parecido al juego de disparar a los patos que pasan, aunque esta vez, con la cámara fotográfica.

Ya cerca del final, un verderón y un verdecillo (especies emparentadas) cantaban entremezclados en la maleza; los cantos rasgados de los buitrones, que emiten mientras vuelan en trayectoria balística, los finos silbidos de los jilgueros, el canto explosivo del ruiseñor bastardo, los borboteos de las pollas de agua, el parloteo alegre de las golondrinas y el escándalo africano de los picos de coral formaban una algarabía primaveral, una banda sonora perfecta que anunciaba la nueva estación.

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