Ruta por los Montes Viejos de las Villuercas. Berzocana – Garciaz – Aldeacentenera. Villuercas Ibores y Jara


Turismo en las Villuerca, Ibores y Jara

Rutas en Automóvil: Los Montes Viejos

ruta-montes-villuerca[1] Berzocana – Garciaz – Aldeacentenera –

Línea Verde

Distancia:

55 kilómetros.

Tiempo Medio:

70 minutos sin paradas.

Dificultad:

Baja

Los territorios mas desconocidos de las Villuercas se encuentran entre el triángulo que forman Berzocana, Garicaz y Aldeacentenera.

Todo es monte de encinas y jaras, una manta verde muchas veces impenetrable y otras adehesado para la ganaderia. La tierra, de naturaleza pizarrosa está muy quebrada, sucediéndose uno tras otro, una interminable lista de valles y ríos.

Los valles están orientados al norte por lo que la zona es sumamente húmeda y la actividad de la naturaleza es frenética. Cabra y ovejas merinas pasta la fresca hiebra junto a alguna vaca retinta casi todo el año. Los pastos permanecen verdes hasta bien entrado el verano.

Desde Berzocana se coge la carretera que va hacia la Aldea y Garciáz, a pocos kilómetros pasamos por el estrecho puente de las Mohedas, posiblemente de origen romano y reconstruido en la edad media.

Cruzando el río Berzocana entramos en esta sucesión de valles, primero el de la Hoyuela, donde está el cruce que debemos tomar en dirección Garciaz. Luego, en lo alto de la loma tenemos el lugar del Castrejón, con restos de un viejo castro de amplio recinto amurallado y dos fosos de defensa.

Un poco mas adelante están las tumbas visigodas de Miguel Pérez las que llamarán nuestra atención. Excavadas en la roca y muchas con la tapa que las cubría en sus inmediaciones. El siguiente puente está cerca, es el del arroyo de los Valvellíos, desde donde inciaremos una importante ascensión que nos dará vista al pueblo. Desde aquí, también se coge la cuerda que nos lleva al Castro de Valdeagudo, donde también existiera una pequeña aldea en el medievo.

En Garciaz nos llama la atención un pueblo antiguo que conserva muchos rastros de su cultura. En la iglesia, en sus calles, en sus puertas y piedras vemos restos romanos, medievales… En las afueras el viejo puente y las ruinas del convento puenden hacernos pasar un buen rato.

La nueva carretera que va a la Aldea es como un cómodo tobogán que nos acerca a esta bien remozada villa. Las viviendas son en su mayoría las de toda la vida. Fuertes paredes de piedra y techos de bóveda de ladrillo conforman robustas construcciones que aguantan los tiempos. Recientemente se han pintando con variados colores, casi todas con muy buen busto, acompañando la decidida apuesta turística que se realiza desde las insttituciones.

La ruta se completa voviendo hacia Garciaz unos cinco kilómetros, hasta un cruze que nos lleva directamente a Berzocana. Esta vez recorremos los valles un poco mas abajo.

Con un paraje similar, pero un poco mas amabre y pasando entre extensivas ganaderías de cabras y la pura oveja merina. El revoloteo de las aves, muchas rapaces y buitres. Enseguida llegamos al cruce que antes tomamos a Garciaz.

Llegando a Berzocana tienes unas vistas preciosa, entre los montes cercanos y los riscos que se van acercando mientras llegas al pueblo. Los ríos presentan otra estampa igualmente bella y atractiva.

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