Ruta a las Cuevas de Cuesta Alta de Navezuelas. Senderismo en las Villuercas Ibores y Jara


Senderismo en las Villuercas, Ibores y Jara

Ruta a las Cuevas de Cuesta Alta de Navezuelas.

El nombre ya resultaba un poco impresionante. Los amigos de Navezuelas la calificaban con un nivel medio de esfuerzo para una ruta de poco mas de tres kilómetros de ida y vuelta… y eso nos llamaba poderosamente la atención: en una gente preparada para lo mas duro de la batalla que dijeran que nos íbamos a esforzar un poco mosqueaba bastante.

Y no vimos defraudada esa impresión al comprobar el calibre del esfuerzo, la tensión y la profunda admiración de nuevo renovábamos al llegar a  las mismas entrañas de estas tierras.

Salimos del pueblo por el camino de Solana, asfaltado hasta el río, después de pasar el Almonte subimos la pista terrera.

Como a media ladera hay un lugar ideal para la ascensión, buscando la vía mas directa hasta el collado que la Sierra abre entre las dos alturas mayores.

Dejamos el coche y cerca de esa torrentera hay un camino que sube en zig zag por un castañar encantador.

Cuando el camino se acaba empieza lo mas duro de la ruta. En total vamos a subir doscientos metros en menos de medio kilómetro, ascendemos casi casi medio metro por paso y eso castiga mucho el cuerpo.

Acaba el castañar, y por la parte de la izquierda hay una vereda que se abre paso entre brezo y jaras, mucho mas suavemente. Pasamos por un par de casqueras y nos ponemos en el collado, por encima de los 1100 metros.

Damos vista al Valle de Santa Lucía con sus pantanos debajo nuestra y el castillo de Cabañas al final de la sierra. Es un espectáculo bonito, además de las sensaciones propias del esfuerzo, de la superación, se agolpan en nuestros sentidos los aromas de la montaña, sus sonidos, el roce de la tierra…

Un lento kilómetro tenemos hasta la cueva mas lejana, que visitaremos primero.  En este lugar la ruta se vuelve mas compleja, no por su tránsito, que será cómodo mayormente, sino por el laberinto de rocas que debemos sortear para llegar a las cuevas.

La ruta se vuelve rabiosamente salvaje y los abismos se tienden a nuestro paso, que retirado de los mismos no entraña peligro alguno. Es muy ameno por la cantidad de atractivos que nos rodean.

Tras pasar por estrecho se nos revela el gran agujero que vamos a visitar. A medida que nos acercamos contemplamos su descarada planta. Abierto a media altura de una gran pared vertical, se nos antoja un mirador excelente.

La escalada hay que realizarla con sumo cuidado y muy atentos a las explicaciones de los mas experimentados.

Es fácil subir y bajar, pero un descuido puede resultar fatal. Muchos metros de caída imponen mucho respeto y no hay lugar a despistes. Sólo hay un par de de sitios donde hay que extremar los cuidados. Cuando llegamos sentimos cierto alivio al superar el trance y nos encontramos en uno de lugares realmente especiales de este basto territorio de las Villuercas.

Hay otra pequeña cueva antes de coronar que tiene unos cuatro metros de profundidad y metro y medio de ancho, pero la superior es inmensa.

Tiene una abertura enorme y va decreciendo como en forma de flecha en sus siete metros de profundidad.

Presenta además, unas aberturas encima de la puerta que hacen de tragaluz casi desde el techo, son bastante grandes y dan al conjunto una solemnidad extraña.

En la entrada tiene manchas rojas que seguramente son pinturas rupestres, pero están muy deterioradas y son de difícil interpretación.

La cantidad de mosquitos que inundan las cuevas con los primeros calores veraniegos impidieron un estudio mas detenido de las mismas.

Así como de los muchos recovecos que tiene este espacio. Dejamos todos estos puntos de interés para futuras expediciones. Seguro que volveremos no tardando mucho.

Bajamos con un poco menos de tensión pero con los mismos cuidados para volver nuestros pasos hasta la cueva que dejamos de paso.

Parece que al volver corremos los mismo pasos, pero la vista es muy distinta, ahora tenemos el final de valle de Santa Lucía, el castillo de cabañas y el final del laberinto de los afluentes del Almonte.

Presenciamos la grandiosidad de estas tierras, con las enormes moles de cuarcita. Están como acostadas, en estratos pétreos que soldados unos a otros forman los típicos riscos de las Villuercas.

Llegamos a esta segunda gruta. Esta es mas grande. El acceso también es mas sencillo. Comparte un montón de características de su hermana casi gemela.

Se podría decir que es casi una vivienda, con apartados y estancias que se distribuyen en todas direcciones. El techo hay veces que se pierde en rachas que parecen no tienen fin.

En la puerta hay unos dibujos rayados como a tiza de ladrillo que parecen de graciosos. Uno simula un toro y otro un anconiforme. En la pared opuesta y un entrando un poco hay otras manchas, estas si parecen ser pinturas rupestres y unas letras negras que aunque modernas ya llevan muchos años puestas allí.

El trayecto de vuelta se hace mas corto, y la escalada inicial se convierte en un descenso de vértigo que acorta tiempo y esfuerzos.

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