Datos de la Historia del Castilblanco de Badajoz. Siberia de Extremadura


El asentamiento antiguo en estos lugares está asegurado por la constatación de presencia humana en las rañas de Alía, donde aparecieron instrumentos de piedra tallada y por las innumerables pinturas ruprestres aparecidas en los abrigos rocosos inmediatos al término.

La Edad del Bronce tiene un referente de primer orden en el Castro de la junta del Guadalupejo con el Guadiana, allí podemos encontrar un Dolmen de corredor, similar a los de Antequera.

La fragilidad de la tierra y la erosión dejaron algunos asentamientos romanos de tipo rural en la Casa de la Lengua y otro en las cercanías de Santiago.

 

De momento no se han constatado en las fuentes árabes la existencia de una población por estos lares

Según muchos autores fue uno de los enclaves templarios de Extremadura,conocido como el "castillo de los blancos" desde que los templarios ocuparan el valle del río Guadalupe; el castillo que existía en el cerro y el hábito de estos caballeros dieron nombre a la población.

En la vecina Valdecaballeros existen también la tradición de haber sido población de templarios.

En 1293, estas tierras pasaron a manos talaveranas como aldea pertenecientes a la parroquia de Alía, se produce entonces el desgajamiento de una población que siempre miraba al oeste, formando parte de los pueblos de Extremadura.

Su origen más remoto posiblemente fuera un castillo localizado donde se encuentra la iglesia parroquial. Construido, bien por los árabes o por los caballeros de Ávila, Trujillo o los Templarios, en la primera reconquista de Extremadura por Alfonso VII en los primeros años del siglo XII.

Los primeros datos históricos documentales son a partir de la donación que hace el Rey Sancho IV, el día 15 de mayo de 1293, a Talavera de tres dehesas, las cuales comprendían a la que posteriormente se denominó como Dehesa de los Guadalupes, en cuyo territorio ya se encontraba el lugar de Halía y se crearon y repoblaron los de Castilblanco y Valdecaballeros.

El señorío de los tres lugares pertenecía a Talavera hasta que el Rey Enrique II, el día 23 de junio de 1369, dona al arzobispo de Toledo, Gómez Manrique, la villa de Talavera con todas sus aldeas, incluidos Alía, Castilblanco y Valdecaballeros, que formaban la parroquia de Alía, dentro de su tierra en la comarca de la Jara.

El lugar de Castilblanco consigue el Título y Privilegio de Villa mediante el pago al Emperador Carlos V de 1.434.800 maravedís, otorgándoselo la Princesa Juana, en nombre de su padre y de su hermano el Príncipe Felipe, el día 31 de enero de 1556.

Respecto al señorío de Castilblanco que pertenecía al arzobispo de Toledo, el Rey Felipe II se lo quita y vende, primero al banquero genovés Nicolás de Grimaldo, Príncipe de Salarno, y definitivamente a Don Pedro Ruiz de Aguayo, Veinticuatro de la ciudad de Córdoba, el día 8 de diciembre de 1584,

Sus descendientes -en sus últimos dos siglos el marquesado de Cortes de Graena-, lo poseyeron hasta el año 1811 en que se suprimieron los señoríos.

El desarrollo de la historia de Castilblanco está vinculado a las vicisitudes de la Dehesa de los Guadalupes, cuyos vecinos, junto con los de Alía y Valdecaballeros, se aprovechaban de ella, con importantes limitaciones que motivaron numerosos y largos pleitos y concordias con sus sucesivos propietarios, primero Talavera y después el Rey Felipe II que se la compró para posteriormente donarla al reciente construido Monasterio de El Escorial, el cual la poseyó desde el año 1608 hasta la desamortización del siglo XIX.

Desde la compra por el Rey Felipe II, los administradores de la Dehesa, tanto seglares como frailes jerónimos, residieron en esta villa.

Casi todo el terreno del término estuvo tradicionalmente en poder del Monasterio del Escorial, hasta las desamortizaciones del siglo XIX.

La actuación de los carlistas fue muy trágica en Castilblanco. El día 25 de mayo de 1837 se presentaron en el pueblo las partidas de Jara, Peco y Cuesta procedentes de Alía, que se dirigían hacia la Mancha, entablando una fuerte batalla contra los isabelinos que se habían hecho fuertes en la plaza del Ayuntamiento; al no poderlos desalojar, incendiaron dieciocho casas de la misma plaza, además de saquear a vecinos y asesinar a algunos.

Fue famosa en toda España durante los años de la República por la sangrienta represión sufrida en 1931 durante una revuelta obrera.

El día de año nuevo de 1932 saltaba a las páginas de la prensa regional y nacional el nombre de Castilblanco. En él habían tenido lugar acontecimientos excepcionalmente violentos, los más graves acaecidos hasta ese momento desde el inicio de la Segunda República.

En su momento pudieron escucharse distintas versiones de los hechos en función de las diversas concepciones políticas defendidas por unos u otros partidos. Hoy sin embargo no parecen quedar dudas acerca de que los sucesos deben enmarcarse en el clima de desesperanza, descontento y frustración que, a consecuencia de la escasez y lentitud de las medidas transformadoras de la realidad socioeconómica regional aplicadas por los republicanos, embargaba a las masas campesinas extremeñas en los últimos meses de 1931.

Dirigida a protestar contra la fuerte actuación represora desarrollada por las fuerzas de orden público en los últimos meses y exigir responsabilidades al Gobernador Civil, la Federación Provincial de trabajadores de la Tierra, convocó una huelga general para los días 30 y31 de diciembre. Su incidencia fue muy elevada en toda la provincia, produciéndose en muchos lugares duros enfrentamientos entre guardias y manifestantes.

A la finalización de la segunda manifestación se produjo un altercado entre los cuatro Guardias Civiles y los convocantes. A un agente se le escapó un tiro matando a una persona. La multitud reaccionó con ira y acabó con la vida de los cuatro guardias.

El asunto llegó al Congreso. Fueron detenidos varios hombres y condenados a pena de muerte para después ser indultados.

Después vino la Guerra Civil y sus cosas… Después, la posguerra, Almasa y la construcción de los pantanos del Plan Badajoz. El de Cijara unos kilómetros antes del término y la cola del de García Sola. Ellos y los puentes construidos han cambiado considerablemente la vida de los lugareños.

 

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