El Espíritu de la Carbonera (II).


EN EL SER Y EL ESTAR
 
Nadie puede moldearte a su interés, venderte motos o supuestos paranormales si no te dejas: nuestro ser ha llegado a unos grados de conciencia que solo podrá ceder ante la violenta espada o al amparo de la razón. 
 
En tanto te deshaces del molde que te han prefabricado aparecen los interrogantes de la primera libertad y saber que quiero se convierte en el primer paso  para ejercer criterio. Descubrirnos puede ser una tarea nada grata de realizar pero renunciar significa llegar al todavía más cruento suicidio en vida: ignorar lo que nos rodea y a nosotros mismos parece ser la manera más cómoda de transitar por este mundo pero en la Era de la Información cada vez es más difícil cerrar los ojos y el conocimiento nos impone la asunción tácita que conlleva obligación moral.
 
Nuestra tarjeta de identidad natural la encontramos en lo íntimo: algunos lo llamamos Alma y habitualmente se confunde con el instinto, con el subconsciente o con el inconsciente. El Ser se sale de dentro en aureola que va por delante de lo puramente físico,  es el escenario de los grandes sentimientos que mueven el mundo, nace con nosotros y transciende al más allá que seguro nos espera. 
 
El Estar por el contrario es lo exterior, lo transitorio, la barrera que tenemos que saltar o  la circunstancia impuesta por Dios en el maravilloso juego de la vida donde la persona tiene que ejercer su voluntad. Hay ocasiones en que dejamos atrás nuestra condición animal y otras raneamos olvidando la humanidad propia de  las gentes. Esta dualidad del Ser y el Estar nos hace personas; continuamente nos movemos entre los anhelos del uno y la implacable realidad del otro; de alguna manera en el estar siempre tendremos la gran oportunidad de poder errar.
 
Podemos vivir de muchas maneras, incluso podemos llegar a oscurecer totalmente nuestro ser en pos de un relativo bien estar, pero sólo entre las caricias del ser podremos encontrarnos, sólo así estaremos bien. Si la cara es el espejo del alma, el corazón es el nervio de sensibilidad intrínsecamente espiritual; en su Estar  se materializa la serenidad en calma o la prevaricación interior en angustia punzante. Si quieres ser alguien sé tú mismo aunque primero intenta averiguar quien eres, pero, ¡vaya! Sólo es el primer paso…

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